jueves, 25 de octubre de 2012

TRAMONTINA Y YO



Nos conocimos por internet, hace unos seis meses atrás.
Su nombre de usuario era Tramy y en su perfil decía que era redonda con tapa y dos asas, su diámetro 24 centímetros y 12 cms. de altura, triple fondo y toda de acero inoxidable. Había una foto. Se veía espléndida.
Luego de varios mails decidimos unir nuestras vidas. Ella viajó desde buenos Aires. En mi mente quedó grabado para siempre nuestro primer encuentro. Recuerdo que fue en lo de Marino, el comisionista. Lucía una hermosa caja de cartón. "Tramontina" decía en la parte superior, a modo de identificación. Yo en cambio vestía una campera de abrigo, pantalón negro y zapatillas oscuras, estaba bastante fresco ese día. La tomé entre mis brazos y juntos nos fuimos a casa. Entramos a la cocina y muy suavemente comencé a desnudarla. Llevé la caja al incinerador y regresé al departamento. Allí estaba ella, brillante, plateada… eso sí, estaba un poco fría, claro era invierno.
Pasaron unos minutos y cuando ya habíamos entrado en confianza la acerqué a la mesada al lado de la hornalla. Luego muy lentamente le introduje la batata..., dos papas, un zapallo anco, un choclo, hojas de apio, dos zanahorias, una pechuga de pollo, medio kilo de falda sin hueso y dos cubitos, uno de carne y otro de gallina (para darle un poco de sabor ¿vió?)
Y nos mandamos un puchero de puta madre.

martes, 23 de octubre de 2012

EL ÚLTIMO GRITO



Cuando el último financista doblegue al último político
y el último político traicione al último ciudadano
Cuando el último sindicalista venda al último trabajador
y el último gobernante deje morir al último hambriento
Cuando el último miserable explote al último esclavo
y el último opresor convenza al último ingenuo
Cuando el último atentado mate al último niño
y el último misil caiga sobre la última ciudad
Cuando la última bomba destruya la última escuela
y el último tanque aplaste al último soldado
y el último disparo termine con el último enemigo
De qué garganta saldrá
el último grito de libertad

jueves, 11 de octubre de 2012

LIBERTAD




 Navegar libres
sin rumbo
por el espacio
y el tiempo
buscando saberes
o por hedonismo
A puertos conocidos
o a conocer
A veces lejanos
muy lejanos
Sin esfuerzo
sólo, un clic.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

DE VEZ EN CUANDO



           A veces la recuerdo
sólo a veces
y la extraño
A veces la veo
y la quiero y la lloro y la deseo
A veces la olvido
y emerge
y quiero olvidarla
Sólo a veces.

lunes, 24 de septiembre de 2012

TENÍA…



  



Era en la casa vieja, donde tenía un tren con locomotora, vagón de encomiendas, dos coches de primera clase, dos de segunda y furgón de cola, que se deslizaba sobre las vías que unían dos estaciones pequeñas, diminutas. Yo, era el maquinista.
… Y eran varias cajitas de cartón, prolijamente atadas unas con otras, con un piolín que había encontrado en el costurero de mi madre. Dos líneas paralelas, dibujadas con el dedo en el suelo arenoso, me servían para desplazar la caravana de un extremo al otro.

Tenía una espada con la que luchaba contra los bandidos, los criminales, los ladrones, los malos y los injustos que abusaban de los débiles… y también contra el Colorado de la otra cuadra, que aprovechaba su tamaño para imponer su voluntad a los más chicos del barrio.
… Y era un palo. Una vara con un trocito de madera clavado en cruz, cerca de uno de los extremos a modo de empuñadura.

Tenía un caballo que se llamaba Silver, un antifaz, dos revólveres con balas de plata, que herían pero no mataban. Toro, mi compañero piel roja, compartía conmigo la lucha por la justicia y la igualdad, aceptando fielmente mi supremacía carapálida.
… Y era una escoba vieja y dos pistolas de hojalata, que me habían traído los Reyes Magos, un seis de enero de mil novecientos cuarenta y tantos.

Tenía un auto de carrera. Corría en Turismo Carretera y competía con Fangio, los hermanos Gálvez, Domingo Marimón y otros. Generalmente me ganaban porque yo siempre paraba para auxiliar a algún accidentado.
… Y era una tabla con cuatro rulemanes que hacía rodar por el pavimento.

Dónde estarán mis cajitas de cartón, mi vara de madera, la escoba vieja y la tabla con rulemanes.
Quiero volver a tener aquellas fantasías de mi niñez.
Quiero conducir de nuevo el tren con la locomotora a vapor, pero esta vez sin estaciones, para no parar y sumergirme en un eterno viaje.
Quiero la espada y batirme a duelo con el Colorado.
Quiero montar en mi caballo Silver y junto a mi compañero Toro, disparar mis balas de plata contra los injustos, los arbitrarios, los que gritan sus mentiras y los que callando mienten.
Quiero mi auto de carrera y andar a toda velocidad con la ventanilla abierta para sentir el viento pegando en mi rostro.
Hoy no tengo las cajitas de cartón, ni la vara de madera, ni la escoba vieja, ni la tabla con rulemanes; sólo me queda el recuerdo de una infancia feliz y unas ganas locas de volver allá, a la casa vieja y buscar el piolín en el costurero de mi madre.

Tenía una infancia.
… Y era…